Un grupo de mujeres se sube a un escenario. Todas lucen una falda negra, una blusa blanca y en su pecho, una foto con la pregunta “¿Dónde están?”. Cargan en su caminar y en su sentir el peso de la ausencia y de la búsqueda. Unas se acomodan en unas sillas junto a sus guitarras. Otras se paran detrás, listas y dispuestas para cantar. Mientras que una de ellas, sólo una, se dirige al medio del escenario, con un pañuelo blanco en la mano, esperando la señal. Luego de declamar el nombre y la fecha de desaparición del ausente que llevan en el pecho, inician “La cueca sola”, un canto y una danza que se transformó en símbolo de las mujeres que buscaban a sus seres queridos “detenidos desaparecidos”.
Ese concepto tiene una triste historia. Surge en el contexto de las dictaduras latinoamericanas, que tomaron el poder con la complicidad de Estados Unidos y bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional. La práctica de “desaparición forzada” se repitió por todo el continente y los métodos para encubrirla también: que se habían escapado, que se encontraban en otros países, que se habían exterminado entre ellos.
Una de las luchas contra esta brutalidad, en Chile, se llama Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos, conformada por mujeres que se encontraban en las afueras de los centros de detención, donde acudían de manera persistente e incesante a buscar información o alguna evidencia del paradero de sus madres, padres, esposos, hijos, hijas, hermanos y hermanas. En esta dolorosa rutina, decidieron juntarse y luchar juntas. El Comité Pro-Paz fue su primer refugio, luego la Vicaría de la Solidaridad. Poco a poco se dieron cuenta que también debían acompañarse y buscar canales de expresión. Para ello, desarrollaron talleres de manualidades y otras instancias de compañía y apoyo afectivo.



Una de esas instancias fue el Conjunto Folclórico. Para ese entonces, 1976, el país se encontraba repleto de ellos. Se habían propagado en la década de 1960, en universidades, escuelas, juntas de vecinos y sindicatos. Los conjuntos se habían creado como un espacio de encuentro en torno a las músicas y cantos de origen campesino, con la intención de evitar su pérdida y reivindicarse como parte de la cultura nacional. Incluso, en 1966 se creó la Confederación Nacional de Conjuntos Folklóricos para organizar festivales y encuentros autogestionados. Pero, tras el golpe de Estado de 1973, la Confederación se afilió a la Dirección General de la Dirección de Deportes y Recreación del Estado colaborando con la política socio-cultural de la dictadura, generando una ruptura en el movimiento. Como es sabido, la censura dictatorial de los primeros años restringió el campo musical a manifestaciones proclives al gobierno o bien, no disidentes. En el campo del folclor, se privilegió la figura del huaso y el repertorio de la “música típica” y los ballets y conjuntos folclóricos que mantuvieron una estética nacionalista y paisajista.
Pero este Conjunto era diferente. Las mujeres de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos no utilizaban vestuarios ni escenografías para hacer montajes de las diferentes zonas del país, tampoco querían demostrar destreza física ni musical. Simplemente buscaban expresar su sentir: en Chile las mujeres bailaban la cueca sola.
Mucho se ha escrito sobre este canto y esta danza. Su autoría se atribuye a Gala Torres (1925-2002), oriunda de Parral y vecina de la comuna de Pudahuel. Ella se unió a la Agrupación buscando a su hermano Ruperto Torres Aravena, desaparecido en octubre de 1973.
Su letra hace referencia a esa búsqueda:
En un tiempo fui dichosa
apacible eran mis días
mas llegó la desventura
perdí lo que más quería.
Me pregunto constante
donde te tienen
y nadie me responde
y tu no vienes.
Y tú no vienes, mi alma
larga es la ausencia
y por toda la tierra
pido conciencia.
Sin tí prenda querida
triste es la vida.
La primera presentación pública se habría producido el 8 de marzo de 1978, en un evento de conmemoración del Día de la Mujer en el Teatro Caupolicán. Según reconstruyeron Johan Ponce y Michel Murua, ese día el recinto se encontraba repleto y las integrantes del Conjunto fueron ovacionadas tras cantar “La cueca sola” y “Qué pena siente el alma” un vals recopilado y grabado por Violeta Parra en 1955.
Este vals, acompañó casi todas sus presentaciones. Era parte del repertorio folclórico más reconocido en el país y su letra, que lloraba el amor ausente, se resignificaba en las firmes voces quebradas de estas mujeres:
Que pena siente el alma
cuando la suerte impía
se opone a los deseos
que anhela el corazón.
Que amarga son las horas
De la existencia mía
Sin olvidar tus ojos
Sin escuchar tu voz
Asimismo, los versos de la tonada titulada “Canción de la esperanza”, retratan la ilusión del encuentro:
Voy a plantar un rosal
en lo que dure tu ausencia
lo cuidaré con paciencia
hasta que pueda cortar
las rosas que a tí te gustan
cuando te vea llegar.
Voy a tejer una manta
grande para mi marido
pa’ que le sirva de abrigo
allí donde me lo mandan
algunos hombres de hielo
que de frío me lo matan.
Dame la mano María
toma la mía Rosaura
dame la tuya Mariel
afirmemos la Esperanza.
Junto al vals y la tonada, también integraron composiciones de otros autores y compositores como Osvaldo Torres y Pedro Yañez, procurando mantener géneros del repertorio folclórico más tradicional. Como es el caso de las décimas, grabadas en el caset Canto Esperanza (Alerce, 1999) evocando el canto a lo humano, para nombrar y dejar en la memoria, a quienes protagonizaron esta lucha:
Yo tengo en el pensamiento
un jardín de hermosas flores
voy a rendir honores
con amor y sentimiento
aunque no tengo talento
para expresar como merecen
estos nombres que florecen
perfumados como rosas
soy madres, hijas, esposas
que en fé y esperanza crecen.
Victoria Díaz, hija y hermana de detenidos desaparecidos, también se unió al conjunto y trabajó codo a codo con Gala Torres. El año 2008, en un encuentro que organizamos en el Archivo de Literatura Oral de la Biblioteca Nacional, dijo que la cueca estuvo siempre presente en su repertorio, que la utilizaron como un medio de expresión de sus luchas cotidianas, como para la huelga de hambre de 1978. También señaló:
“Bueno, puedo decirles eso, que nuestro tema está pendiente, que nuestro grupo está compuesto por familiares, por mujeres en su mayoría y que seguimos cantando, seguimos denunciando y que tiene un gran sentido para nosotros este trabajo que hacemos, porque es un trabajo por la vida, por la defensa de la vida, por amor a la vida”
Referencias:
Johan Ponce y Michel Mura (2014) Reconstrucción histórica de la Cueca Sola. Desde el imaginario político y social en Chile (1978-1990). Tesis para optar al grado de Licenciado en Historia y Ciencias Sociales, Universidad Arcis.
Micaela Navarrete y Karen Donoso comp. (2008) Y se va la primera. Conversaciones sobre la cueca. Santiago: Lom-Dibam.
Conjunto Folclórico Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (1999) Canto de Esperanza [caset]. Sello Alerce. URL: https://www.youtube.com/watch?v=TjC73bMixiE&list=RDTjC73bMixiE&start_radio=1