Sociedad del Folklore Chileno

El folclor sigue siendo un referente indiscutido de las identidades nacionales. A menudo se le asocia a un conjunto de músicas, danzas, vestuarios y expresiones tradicionales que aluden a un pasado popular e inmemorial. Sin embargo, a comienzos del siglo XX, la realidad era muy distinta. En América Latina, el “folklore” era una novedosa disciplina de investigación que buscaba instalarse con fuerza en el mundo académico.

En Chile, los primeros pasos en este campo fueron dados por Rodolfo Lenz (1863-1938), filólogo alemán que llegó al país como profesor de idiomas en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile. Junto a su labor docente, Lenz se dedicó a recopilar los pliegos de poesía que se vendían en los mercados, plazas y estaciones de trenes, publicando un primer estudio en 1894 donde entregó antecedentes que aún son relevantes para el estudio de la reconocida “Lira Popular” y el oficio de los puetas populares. Asimismo, inició un trabajo de estudio de la cultura mapuche, visitando reducciones y comunidades para registrar tradiciones, creencias, cuentos y leyendas. En ese trabajo, conoció a otros profesores interesados en las mismas tareas, movilizando a una primera generación interesada en el estudio de la cultura popular.

En 1905 se publicó un primer programa para crear la Sociedad del Folklore Chileno, al alero de la Universidad de Chile. En dicho documento enfatizó en que la investigación folclórica era una tarea “eminentemente nacional y patriótica”, que los profesores de literatura, historia general y natural, así como jueces, médicos e incluso el clero, debían poner su atención en esta nueva disciplina, y citando a Raimundo Friedrich Kaindl, investigador y etnólogo de origen alemán, señaló que el folklore era una rama de la etnología, que debía dedicarse a “investigar y recopilar todo lo que ha creado el alma popular”.

Unos años después, exactamente el 18 de julio de 1909, se realizó la primera sesión de la Sociedad del Folklore Chileno. Los estatutos determinaron que su objetivo sería: “fomentar el estudio del Folklore Chileno y facilitar la publicación de toda especie de trabajos referentes a esta ciencia”. Y Lenz definió el concepto clave de su trabajo explicando que ‘folklore’:

“significa literalmente “el saber popular” pero ha sido aceptada por todas las naciones como término técnico que comprende todas las variadas manifestaciones del alma popular i todas las formas características de la vida del pueblo”

Rodolfo Lenz, 1909, p. 9

Lenz también aprovechó la instancia para trazar la ambiciosa hoja de ruta que debían seguir los miembros de la Sociedad:

“No sólo se trata de averiguar en qué consiste lo particular del pueblo chileno, en qué se distingue de sus hermanos sudamericanos. Hai que investigar cuáles elementos fueron traídos de la patria común, España; cómo se desarroIlaron i se diferenciaron en cada rejión; qué elementos indíjenas se aceptaron en la gran mezcla de razas. En ningún país colonizado por europeos hai tanta mezcla de distintas razas con tan feliz resultado. 
“…porque muchos puntos del folklore criollo dependerán del folklore de las tribus indias que entraron en mezcla con los españoles. La cocina, la medicina casera, la industria casera de Chile, por ejemplo, están llenos de reminiscencias indias ¿Cómo no ha de suceder lo mismo en el Perú, en Méjico i más o menos en todas partes? Hai que estudiar el saber popular de todas las razas i de todos los restos de pueblos en América; pero ante todo lo propiamente criollo”

Rodolfo Lenz, 1909, p. 10-11

En esa primera sesión, participaron otros profesores como Ramón Laval (1862-1929), Julio Vicuña Cifuentes (1865-1936), Eliodoro Flores (1879-1933), Agustín Cannobbio (1879-?), Ricardo Latcham (1869-1943), Enrique Blanchard Chessi (1870-?), Antonio Orrego Barros (1880-1974), Maximiano Flores y Francisco Zapata. 

En cada sesión, un miembro realizaba la lectura de un trabajo de investigación, los que abarcaron múltiples aspectos de la tradición popular: literatura, juegos, medicina, música, poesía, entre otros. Un tema relevante fueron los “estudios araucanos” con los que colaboraron investigadores como Tomás Guevara y Manuel Manquilef. Estos trabajos fueron publicados en la Revista del Folklore Chileno, órgano oficial de la Sociedad, y algunos también fueron incluidos en la revista Anales de la Universidad de Chile o editado como libro en la Imprenta Cervantes.

La Sociedad del Folklore Chileno sobrevivió con ese nombre hasta 1913, año en que se incorporó como una sección especializada a la Sociedad de Historia y Geografía, donde sigue vigente hasta el día de hoy. Este hito no solo fue el primer gran impulso para convertir el folclor en un campo de estudio formal en nuestro país, sino que se transformó en un referente fundamental para las futuras generaciones de investigadores en Chile y en el resto del continente.


DOCUMENTO HISTÓRICO:

Rodolfo Lenz, Programa de la Sociedad de Folklore Chileno. Fundada en Santiago de Chile el 18 de julio de 1909. Imprenta y Encuadernación Lourdes, Santiago, 1909. URL: https://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:84550 

Otros documentos de la Sociedad de Folklore Chileno en https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-348813.html

Para saber más de esta historia, puedes leer:

-Karen Donoso Fritz, Creando el alma nacional. Extensión cultural, propaganda estatal e investigación en torno al folclor chileno, 1910-1948. Ediciones Lom, 2025. Capítulo 1. www.lom.cl

-Christian Spencer, Antonieta Contreras y Gabriel Rammsy: “Historia, producción y continuidad de la Sociedad de Folklore Chileno (1909-2008)”, en RECIAL: Revista del Centro de Investigaciones de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad Nacional de Córdova, Vol. 10, No. 16, 2019. URL: https://doi.org/10.53971/2718.658x.v10.n16.27016