El folclor y la humanidad

Carlos Isamitt Alarcón (1887-1974) fue un prolífico artista, investigador y profesor que, desde muy joven, orientó sus labores hacia el estudio y reconocimiento de la cultura mapuche. Por ello, la literatura especializada lo ha reconocido como uno de los primeros “indigenistas”, énfasis profundizado por el musicólogo Fidel Chávez, quien en los últimos años ha trabajado arduamente por la visibilización de su obra musical y ha develado que el compromiso con las comunidades indígenas fue más allá de registrar sus prácticas musicales.

Pero Isamitt tenía muchas facetas. El propio Chávez ha señalado que su obra musical fue mayormente atonal e inscribió su nombre dentro de los compositores chilenos más importantes del siglo XX, mientras que otras investigadoras han exaltado su obra visual, la que también orientó hacia el estudio y exaltación de las formas y técnicas populares. Fue académico de la Universidad de Chile y en 1965 recibió el reconocimiento del Estado chileno a través de la entrega del Premio Nacional de Artes.

Pero hay otra dimensión de Isamitt que queremos destacar: su vocación pedagógica, la que expresó no sólo como docente sino que como dirigente. Junto a otras importantes profesoras como Elisa Gayán y Laura Reyes, formó la Asociación de Educación Musical. Desde su creación, organizaron congresos, diseñaron material de enseñanza, hicieron libros, tuvieron una revista, todo con la convicción de que el arte y la música eran parte fundamental de la formación de las personas y no sólo iniciativas para el tiempo libre. 

Hace exactamente 80 años, la Asociación se movilizó por una reforma a la educación secundaria que incluyera dentro de sus puntos básicos la enseñanza del folclor. Con ese compromiso, en julio de 1946 Carlos Isamitt publicó un artículo donde señaló que la música tradicional había sido constantemente postergada:

“Hombres de gobierno, intelectuales, habitantes de las ciudades, han vivido muy ajenos, muy distantes y aun corno extraños a la realidad de la masa rural y a sus manifestaciones vitales más características. A veces, cuando algunos han solido aventurarse a sostener opiniones sobre el indígena o el hombre del pueblo, ellas han sido generalmente negativas, edificadas sin ningún conocimiento real, fuera de toda validez de juicio”

(Revista Musical Chilena, Vol 2, Num. 13, 1946, p. 21)

Y que esa exclusión también estaba presente en la industria cultural:

“Ciertas prácticas entendidas desde las grandes ciudades, han ido sembrando errores y confusiones sobre el folklore. Las transmisiones de radios, con una preocupación teñida de sentido comercial, han ofrecido a la masa que escucha, cuanto han tenido a mano como folklore. Hora tras hora, música popular, que no es folklórica, canciones de músicos aficionados, a veces remedos de auténtico folklore musical, cantos folklóricos adulterados, teatralizados, llegan a la gente y a los niños, con el prestigio de las empresas emisoras o de conjuntos a los cuales la prensa ha ayudado a procurarles fama de fieles intérpretes del canto vernacular, creando así un problema de complejas proyecciones colectivas” (Revista Musical Chilena, Vol 2, Num. 13, 1946, p. 22)

Más adelante señaló que ni las autoridades políticas ni los agentes de la industria se interesaban genuinamente por las artes populares y menos por sus sujetos portadores. Su mirada (que bien podría definirse hoy en día como “purista”), proponía que si esta música popular se “falseaba con afeites y postizos” era a causa del desconocimiento, por la ausencia de “concepto claro y respetuoso de folklore” (p. 23)

Consideraba que ese problema podía ser resuelto con la educación. El folclor musical debía ser enseñado a niñas, niños y adolescentes en las escuelas, porque

“… Además de servir a la formación de un concepto más realistico de unidad nacional y de las características de las demás naciones, estimulará un mayor sentido de humanidad… porque pocas cosas promueven más singularmente el respeto, la simpatía, el acercamiento humano que el estremecimiento emocional e inteligente que nace del goce estético de esas sorprendentes o pequeñas realizaciones que el hombre del pueblo produce con manos hábiles y júbilo interno”

(Revista Musical Chilena, Vol 2, Num. 13, 1946, p. 23)

Fue justamente a partir de la década de 1940 que el folclor ingresó a la educación escolar, a través de las asignaturas de música y educación física. Esta práctica se mantiene y se exacerba conforme las celebraciones de fiestas patrias. A ochenta años de esta publicación, creemos que la pregunta de Isamitt aún está vigente y requiere de reflexión, ¿cómo y para qué enseñar músicas y danzas tradicionales en las escuelas?


DOCUMENTO HISTÓRICO:

Carlos Isamitt: “El folklore como elemento básico de la enseñanza” en Revista Musical Chilena, Vol. 2, Num. 13, 1946. Disponible en: https://revistamusicalchilena.uchile.cl/index.php/RMCH/article/view/11192/11516


Para saber más de esta historia, puedes leer: 

-Freddy Chávez: Carlos Isamitt y sus investigaciones en las comunidades araucanas. Escritos académicos 1932-1949. Fondart-Umce, 2022 

-Minisitio “Carlos Isamit” en https://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-100584.html#presentacion